Cruzar la frontera por el túnel de Bielsa y descender hacia el sur es adentrarse en uno de los parajes más espectaculares de todo el Pirineo Aragonés. En mitad de este entorno de montaña, donde los ríos Cinca y Ara se dan la mano, emerge la silueta de Aínsa. Este rincón es la capital histórica de la comarca del Sobrarbe y presume de un casco antiguo tan bien conservado que te hará sentir como si hubieras viajado varios siglos atrás en el tiempo. Es el destino idóneo para una escapada tranquila, donde pasear sin prisa y desconectar por completo del ritmo de la ciudad.


El corazón de la villa late con fuerza en su emblemática Plaza Mayor. Es un espacio porticado enorme, flanqueado por hileras de arcos de piedra de todas las formas y tamaños que sostienen antiguas casas señoriales. Aquí se respira una atmósfera genial, perfecta para sentarse en alguna de sus terrazas a tomar algo mientras contemplas las fachadas de toda la vida.
Justo en uno de los extremos de la plaza se encuentra el imponente Castillo de Aínsa. Esta fortaleza medieval conserva gran parte de sus murallas y un enorme patio de armas. Un truco local que merece muchísimo la pena es subir a lo alto de sus murallas a última hora de la tarde. Desde ahí arriba tienes una panorámica brutal de la Peña Montañesa y de las aguas del Embalse de Mediano, un espectáculo visual que se disfruta al máximo con los colores del atardecer.


Perderse por el entramado de callejuelas que nacen de la plaza es una delicia. La Calle Mayor y la Calle Santa Cruz te guiarán entre portones de madera maciza, escudos de armas tallados en la roca y balcones llenos de flores. En tu paseo saldrá a tu encuentro la Iglesia de Santa María, una joya del románico aragonés con un claustro precioso y una torre medieval que servía como punto de defensa. Si no te imponen respeto las alturas, puedes subir por sus escaleras hasta el campanario para tener la mejor vista de pájaro de todo el entramado de tejados del pueblo.
Para que la jornada sea redonda y no termines con dolor de pies, mete en la maleta calzado cómodo y cerrado, ya que el suelo de piedras de la villa histórica requiere pisar con firmeza.
A la hora de aparcar, la mejor opción es subir directamente en coche hasta el parking habilitado en la parte alta, justo al lado del castillo; te dejará en la misma entrada del casco monumental y te evitará una buena caminata en cuesta.
Por último, no te marches sin probar la gastronomía local en las tabernas tradicionales, donde bordan platos como las migas de pastor o el ternasco asado. Un planazo perfecto que te dejará con un recuerdo imborrable.
Planes cerca de Aínsa:
Jara, natural de Panticosa y nuestra experta local en los Pirineos
Dirección Aínsa, España
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