Si conduces por la carretera A-132 en dirección a Ayerbe, tras dejar atrás la Presa de la Peña, prepárate. En una curva aparece de repente una masa gigantesca de roca rojiza que parece brotar del suelo como un dedo colosal. Son los Mallos de Riglos, uno de los paisajes más impactantes del Prepirineo aragonés.
Aquí tienes cómo organizar la visita para disfrutarla sin prisas.




El acceso más habitual es desde la A-132. El trayecto ya merece la pena: carretera revirada, paisaje abierto y esa aparición súbita de los mallos que obliga a frenar.
Consejo local: detente en alguno de los miradores antes de entrar al pueblo. La primera impresión, con los mallos elevándose verticales y casi tapando el sol, es difícil de superar.
A los pies de estas paredes rojizas se encuentra el pequeño pueblo de Riglos, que parece diminuto frente a semejantes gigantes de piedra.
Recorre sus pocas calles despacio. Es ahora, caminando entre casas sencillas, cuando realmente entiendes la magnitud de esas paredes verticales. El contraste entre arquitectura humana y naturaleza salvaje es parte del encanto.
Las vistas sobre el valle transmiten calma, sobre todo si evitas las horas centrales del día.




No dejes de acercarte a la Iglesia de Nuestra Señora del Mallo de Riglos. Su torre puntiaguda intenta elevarse hacia el cielo, pero queda inevitablemente eclipsada por la roca monumental que se alza justo detrás.
La imagen es una de las más fotogénicas del lugar.




Si quieres completar la experiencia, sigue el sendero conocido como Camino del Cielo. El nombre no es casual. A medida que asciendes, los mallos cambian de perspectiva y el azul intenso del cielo aragonés contrasta con el rojo de la roca.
No es necesario hacer grandes desniveles para obtener buenas vistas. Incluso un tramo corto ya merece la pena.
La mejor luz llega al amanecer o al atardecer, cuando la roca se vuelve todavía más intensa en tonos rojizos.
Lleva calzado cómodo, agua y tiempo suficiente para disfrutar sin prisas. No es una visita de cinco minutos.
En el propio pueblo puedes elegir el Refugio de Riglos o el Restaurante Los Mallos de Riglos.
Si prefieres más opciones, en Murillo de Gállego encontrarás el Restaurante Liena, Restaurante O’Spot Chill & Ride, Restaurante Alaniés, el Bar-Terraza de Casa Ayeste o el Hotel Spa Aguas de los Mallos.
Los Mallos de Riglos no son solo una parada panorámica. Son una experiencia geológica que se disfruta paso a paso, entre curvas, senderos y paredes verticales que parecen desafiar la gravedad.
Jara, natural de Panticosa y nuestra experta local en los Pirineos
Dirección Mallos de Riglos, España
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