Cruzar la frontera y adentrarse en las montañas del Pirineo Aragonés es como abrir un libro de caballerías. A muy pocos kilómetros de la línea divisoria, el paisaje cambia y da paso a pequeños pueblos de piedra que parecen congelados en el tiempo. Si te apasiona la historia, las calles empedradas y los rincones con encanto, esta zona es un auténtico paraíso que tienes al alcance de la mano. Es la escapada ideal para cambiar de aires por completo, descubrir castillos de cuento y disfrutar de un ambiente muy acogedor sin tener que realizar un viaje interminable.
La primera parada obligatoria de este viaje lleva directamente a Aínsa, un pueblo que presume con razón de tener uno de los cascos antiguos más bonitos de España. Para los visitantes que entran por el túnel de Bielsa-Aragnouet, la llegada es facilísima. Lo mejor es dejar el vehículo en el parking de la parte alta, justo al lado del imponente castillo medieval. Desde allí, entrar a la Plaza Mayor porticada es una auténtica pasada; un espacio enorme rodeado de fachadas de piedra de toda la vida donde apetece sentarse a tomar algo tranquilamente. Un secreto que suele pasar desapercibido es subir a las murallas del castillo al atardecer, las vistas del embalse de Mediano y de la Peña Montañesa son una maravilla que te dejará sin palabras.



Hacia el oeste, casi tocando la frontera con Navarra y muy cerca del valle francés de Aspe, se encuentra Ansó. Este rincón es un escondite perfecto para quienes huyen de los destinos más masificados. Su arquitectura es única, las casas de piedra están tan pegadas que dejan unos pasillos estrechísimos llamados callizos. Pasear por sus callejuelas es una delicia visual, con balcones llenos de flores que contrastan con los tejados empinados. Los habitantes de la zona han sabido mantener las tradiciones como nadie, y la tranquilidad que se respira aquí es total.



Para aprovechar el día a tope, te sugiero calzar unas buenas zapatillas cómodas, ya que el suelo de piedras de estos pueblos no perdona los descuidos. En cuanto a la comida, es imprescindible probar las migas de pastor o el cordero de la zona en los restaurantes tradicionales de los alrededores.
Un último consejo de confianza: Aunque vayas en pleno verano, llévate una sudadera. Al caer la noche, el aire fresco que baja de las cumbres pirenaicas se nota de golpe, creando el clima perfecto para desconectar del calor y disfrutar de una noche mágica.
Jara, natural de Panticosa y nuestra experta local en los Pirineos
Dirección Ansó, España
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