
Nada más cruzar la frontera por Pont de Rei y adentrarnos en la Val d’Aran, Arties siempre aparece como una de las paradas obligatorias. Seguramente ya conocéis sus casas de piedra impecables, sus tejados de pizarra y sus iglesias románicas de postal. Sin embargo, hoy vamos a dejar atrás las calles más transitadas para descubrir el lado más salvaje, íntimo y menos conocido de este rincón aranés.
Si buscáis una conexión real con la naturaleza y queréis vivir Arties como lo hacemos los locales, olvidaos de las rutas de siempre. Preparad las botas, porque nos vamos montaña arriba.

Desde el mismo centro del pueblo, siguiendo el curso del río que le da nombre, nace una pista forestal que se adentra en la Ribera de Valarties. A medida que avanzáis, el bullicio del pueblo desaparece y es sustituido por el rumor constante del agua y el olor intenso a pino negro.
Es una zona sombría, fresca y espectacular, rodeada de picos imponentes como el Montardo, que vigila todo el valle. Podéis recorrer parte de este camino en coche hasta el aparcamiento de Pont de Ressec, pero mi consejo es que caminéis. Sentid cómo el valle se va estrechando a vuestro alrededor, envueltos en un silencio que solo rompen los pájaros y el viento.
Si tenéis ganas de estirar las piernas y vivir una experiencia de alta montaña, desde Pont de Ressec arranca una de las excursiones más agradecidas de la zona: la subida al refugio y lago de la Restanca.
No os voy a engañar: la primera parte tiene una buena pendiente, pero el esfuerzo vale cada gota de sudor. Cuando finalmente los árboles se abren y aparece ante vosotros el inmenso lago glaciar, con sus aguas de un azul profundo y brillante, la sensación de inmensidad es abrumadora. Sentarse en la orilla del lago, respirar el aire helado de las cumbres y contemplar el circo de montañas que os rodea es uno de esos momentos que justifican cualquier viaje a los Pirineos.

Después de una buena caminata, el cuerpo pide tregua. Y aquí viene una de las grandes joyas de Arties que muchos pasan por alto. A las afueras del pueblo, justo al lado de las antiguas instalaciones termales, se han recuperado dos piscinas públicas de aguas termales naturales.
Imaginad el plan: las piernas cansadas tras la montaña, el aire fresco del atardecer cayendo sobre la Val d’Aran y vosotros sumergidos en agua natural a 39 grados, rodeados de bosque. Es una experiencia reconfortante, sencilla y profundamente relajante. El contraste entre el frío del exterior y el calor del agua os dejará como nuevos.
Arties tiene un ambiente único al caer la noche, muy diferente al de otros pueblos del valle. Aquí la tradición es salir a «potear» (ir de tapas y pintxos). En su calle principal encontraréis varias tabernas donde la influencia vasca y la gastronomía aranesa se dan la mano.
Entrad, pedid una buena copa de vino o una cerveza artesana y acercaos a las barras repletas de pintxos. No dejéis de probar los que llevan setas de temporada o quesos locales de la zona. Es una cena desenfadada, llena de vida y de conversaciones cruzadas, perfecta para poner el broche de oro a un día intenso.

La Val d’Aran siempre guarda sorpresas para quienes se atreven a mirar un poco más allá. Arties es mucho más que un pueblo bonito: es la puerta de entrada a la montaña en estado puro.
Jara, natural de Panticosa y nuestra experta local en los Pirineos
Dirección Arties, Val d'Aran, España
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