Para la mayoría la escapada a Gipuzkoa suele detenerse en la bahía de La Concha o en los asadores de la costa. Sin embargo, si continúas apenas cuarenta minutos más hacia el interior por la A-1, el paisaje se pliega en valles verdes y cumbres calizas. Aquí se esconde el Goierri, las llamadas tierras altas vascas, y dos pueblos vecinos que resumen como pocos la memoria viva de esta tierra: La villa medieval de Segura y el enclave rural de Zerain.
Llegar a Segura es retroceder al siglo XIII de golpe. Fundada por el rey Alfonso X el Sabio como enclave fronterizo y aduana en el Camino Real hacia Castilla, la villa conserva intacta su traza urbana medieval en forma de almendra.
Caminar por la Kale Nagusia (Calle Mayor) entre casonas de piedra de sillería y blasones nobiliarios te hace bajar el ritmo de forma natural. Detente ante el Palacio Ardixarra, una de las escasas casas de estructura de madera del siglo XVI que sobrevivieron a los incendios de la época, convertida hoy en el Centro de Interpretación Medieval. Si rodeas el perímetro exterior, aún podrás tocar los restos de la antigua muralla y cruzar bajo sus portales ojivales defensivos, imaginando el paso constante de comerciantes y arrieros de hace 700 años.
A solo 4 kilómetros ladera arriba, el escenario cambia por completo. Zerain es un diminuto pueblo agrícola encaramado a las faldas del macizo de Aizkorri. Lejos de convertirse en una postal vacía, sus apenas doscientos vecinos han sabido proteger un patrimonio etnográfico único trabajando en común.
El Coto Minero de Aizpea: Conocido como la «Montaña de Hierro», este paraje explotado desde época romana conserva los imponentes hornos de calcinación donde se procesaba el carbonato de hierro. Pasear por sus galerías exteriores mientras el verde del musgo devora las estructuras industriales es una experiencia sobrecogedora.
La serrería hidráulica de Larraondo: Escondida en el bosque, aprovecha la fuerza del agua para mover su maquinaria de madera del siglo XIX con una precisión hipnótica.
La cárcel del siglo XVIII: En pleno centro del pueblo se ubica este calabozo de 1711, con sus cepos de madera originales para inmovilizar a los reos.
El Goierri es la cuna del queso Idiazabal. No te marches sin entrar en alguna de las queserías familiares de Zerain o en las tiendas locales para llevarte una pieza de pastor elaborada con leche cruda de oveja latxa, curada y ligeramente ahumada al sarmiento.
En la plaza de Zerain, la Ostatu (posada local) sirve platos de cuchara caseros, alubias de Tolosa y cordero al horno en un ambiente familiar donde se respira la vida de pueblo de siempre.
Segura custodia la piedra señorial y Zerain el sudor de la forja y la tierra. Dos caras inseparables de un País Vasco íntimo que aguarda justo detrás de la niebla.
Aritz, natural de Irún y experto local en el País Vasco
Historias de otros viajeros
Regístrate para ver todos los planes