En el Pirineo aragonés no hace falta ser un montañero experto para disfrutar de paisajes de alta montaña. El Ibón de Piedrafita es el mejor ejemplo de ello, una ruta muy sencilla y apta para todo el mundo que regala vistas de postal con muy poco esfuerzo.
Situado en el corazón del Valle de Tena, a poca distancia de la muga con Francia por el Portalet, este lago de origen glaciar ofrece una de las rutas más bonitas, amables y fotogénicas de toda la cordillera.
Es el plan perfecto para quienes viajan con niños, para los que se están iniciando en el senderismo o, simplemente, para esos días en los que apetece rodearse de paisajes colosales sin necesidad de afrontar desniveles pronunciados. Aquí, la recompensa visual es inmensa en comparación con el esfuerzo que requiere el camino.


La aventura comienza en el pintoresco pueblo de Piedrafita de Jaca. Desde allí, subimos en coche un par de kilómetros por una pista asfaltada hasta llegar al aparcamiento del parque de fauna Lacuniacha, que es el punto de inicio oficial de la excursión.
Nos calzamos las botas, nos colgamos la mochila y empezamos a caminar por una pista forestal amplia y muy bien señalizada que gana altura de forma muy suave.
A los pocos minutos de empezar, el paisaje se abre para mostrar la inmensidad del valle. El camino avanza flanqueado por prados verdes donde en verano es habitual ver pastar al ganado, y por pequeños arroyos que bajan con el agua del deshielo. Durante todo el trayecto, si miras al frente, hay una silueta que te va a acompañar: la gran muralla de piedra caliza de Peña Telera, que pertenece a la Sierra de Partacua. Su presencia es imponente y te sirve de guía perfecta, ya que el ibón se esconde justo a sus pies.
Tras aproximadamente una hora de caminata tranquila, la pista forestal se convierte en un sendero un poco más estrecho que remonta los últimos metros. Es justo en ese instante cuando el terreno se nivela y aparece ante tus ojos el Ibón de Piedrafita. La estampa es de las que hacen que te detengas en seco para asimilar la belleza del lugar.
El ibón, un pequeño lago de aguas tranquilas y cristalinas, descansa en una cubeta natural justo debajo de las paredes verticales de Peña Telera. Si tienes la suerte de visitarlo en un día despejado y sin viento, serás testigo de un fenómeno mágico: la inmensa mole de roca se refleja con una nitidez perfecta sobre la superficie del agua, creando una simetría perfecta. Los alrededores del lago están rodeados de praderas mullidas, el lugar ideal para extender una manta, sacar el bocadillo y disfrutar de un pícnic con una de las mejores vistas de todo el Pirineo.


Para emprender la vuelta, la opción más sencilla es regresar por el mismo camino de subida, pero si te quedas con ganas de estirar un poco más el día y añadirle una dosis extra de misterio a la excursión, te sugiero hacer la ruta circular desviándote hacia el Bosque del Betato.
Este rincón es uno de los hayedos más bonitos y mejor conservados de la zona. Caminar bajo el dosel de hojas que filtran la luz del sol, especialmente si viajas en otoño cuando el suelo se tiñe de tonos ocres y rojizos, es una auténtica delicia. Además, el Betato está envuelto en leyendas locales que hablan de brujas y aquelarres en siglos pasados, un aliciente fantástico si haces la ruta con los más pequeños de la casa. El sendero del bosque te devolverá de manera directa al aparcamiento de Lacuniacha, cerrando un día de naturaleza, leyendas y paisajes pirenaicos en estado puro.
Los Pueblos Medievales del Pirineo Aragonés que enamoran a los franceses.
Jara, natural de Panticosa y nuestra experta local en los Pirineos
Dirección Ibón de Piedrafita, España
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